miércoles, abril 08, 2009

Hace ya casi tres meses la muerte se presentó a mi puerta, me miró a la cara y me hizo saber que existía.
No era a mí a quien venía a buscar, pero si tenía el deseo entrañable de hacerme notar su presencia.

Que nunca más me olvidara de ella. Quería hacerme saber que estaba ahí, siempre presente. Siempre al acecho. En cada rincón.

La muerte, con su aparición, me vino a mostrar alguna de sus caras: su lado triste, el de la pérdida irreparable de un ser querido y, de pasada, me hizo apreciar aún más la vida.
Me dijo al oído lo frágil que es eso en lo que basamos nuestros planes, proyectos y aspiraciones. Lo susceptibles que somos a su aparición. Que su simple encuentro nos hace seres imperfectos, comunes, volátiles y completamente vulnerables.

La muerte me miró a la cara. Ensució con su andar miles de mis aspiraciones, sueños y recuerdos.Hizo que mis sentimientos tomaran otra dimensión, que se sintieran distintos. Hizo que las metas me cambiaran. Las prioridades se posicionaron distinto. Desarmó y re-organizó a su antojo mi vida, dejándome a penas el tiempo de entender las pocas ideas que me dejó en pie.La muerte llegó a instalarse en mi vida.

Nunca más esa palabra me será ajena. Nunca más me será indiferente.Se instaló como una herida que me costará una vida completa hacer cicatrizar.

Y aun así, muerte, me has hecho mirar la vida con una perspectiva tan distinta, que ya la quiero. Sigo amando la vida. Esta vida tan cambiada que tú me alborotaste.

Sigo sufriendo, es cierto, pero también sigo siendo profundamente feliz. Claramente que la de hoy es una felicidad distinta a la que tenía ayer. En un principio, y como todo ser humano renuente al cambio, pensé que la felicidad se había extingido para siempre, llevandose todo atisbo de alegría en mi vida.Luego comprendí que sería, por el resto de mi vida, una felicidad incompleta. Una felicidad impuesta junto con un crecimiento forzado, con ausencias infinitas e inconmensurables que nunca podría superar.

Pero luego me hiciste comprender que con tu llegada en otros logras que estos se desprendan de espacios y de tiempos a los que aquí, en vida, estamos condenados. Pero realmente no se van. Sólo cambia ese estado del cual estamos acostumbrados.
Y comprendiendo eso, llegó más paz de la esperada. Otra mirada a la vida.

Me hiciste apreciar la maravilla de una conversación cualquiera, el agrado de la compañía de mi madre y hermano. El apreciar ese estado de presencia de los otros. Lo invaluable de un abrazo, un susurro, un beso.
Puedo comprender la palabra amistad con otro prisma, y el significado de la pena, la ausencia y, por supuesto, el nuevo concepto de amor desde una visión inimaginable hasta hace dos meses y fracción.

Te quiero decir muerte que no te olvido. Ya sé que estas ahí. Nunca más ausente.
Seguirás robándome lágrimas por haberte aparecido. Por cambiarme los moldes conocidos.
Seguirás en mi vida presente como una sombra permanente que nunca podré desligar. Se que nos encontraremos más de cerca en muchas ocasiones.

Pero, déjame decirte muerte, que cada día de mi vida será diferente por tu arribo a ella.
Cada día viviré más intensamente por que tú te apareciste.
Cada día, muerte, la vida para mi será más bella.

1 comentario:

Penny dijo...

wow.... intenso!....

me dejo la boca con restos de emociones desbordantes...
te quiero amiga!
me debes una charla, con el cafe en una mano y con un cigarro en la otra.